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01.ago 2010
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Alarma social

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La opinión de Juan Dameto

A muchos les puede extrañar. Pero la última estadística conocida sitúa a Baleares a la cabeza de la criminalidad de toda España con 43,27 delitos por cada mil habitantes. Es una cifra tan fría e impersonal como concluyente y devastadora. Sólo cuando a la fría estadística se le ponen nombres y apellidos de personas próximas a nosotros empezamos a entender la magnitud real de tan triste récord.

Son pocas las argumentaciones que pueden explicar la situación. Y es que las autoridades locales justifican esta estadística señalando que es el fenómeno turístico el que descuadra todas las cifras, pues una tierra de poco más de un millón de habitantes, como es Baleares, acoge anualmente a unos doce millones de turistas; es decir, que los delitos de 12 millones de personas los asume un población fija de un millón.

Prostitutas, trileros, carteristas, revientacoches, bandas que asaltan domicilios… Son muchos los que hacen su particular temporada en una comunidad donde la población flotante, el alto índice de segundas viviendas y el nivel económico atraen a todo tipo de delincuencia.

La solución sólo pasa por reforzar los equipos policiales, siempre escasos, incluso en verano. No podemos andar abandonados por las administraciones que se amparan en el argumento de que es una delincuencia tan incontrolable como localizada en unos pocos lugares de gran afluencia turística. No es verdad. La inseguridad se extiende a zonas tradicionalmente tranquilas y algunas formas de agresión son tan salvajes y desconocidas que no debería extrañar a nadie si la alarma social empieza a cundir.

Baleares: del cielo al infierno en un segundo.

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