La opinión de Juan Dameto
En una de las muchas elecciones a las que se presentó (y ganó), Jacques Chirac dijo aquello de que las promesas electorales no comprometen a quienes las hacen sino a quienes las votan. El francés sabía lo que se decía: un programa electoral únicamente puede ser llevado a la práctica si el partido político que tiene que ejecutarlo puede gobernar en solitario. Fuera de ahí, todo es un artificio que tarde o temprano pasa factura.
La capacidad de pactar es siempre una de las cualidades elogiadas en la política. De hecho, se dice que la política es “el arte de lo posible”, como si el pragmatismo fuera la única excelencia de la acción política, siendo los políticos capaces de defender, a la vez, una cosa y su contraria con tal de no dejar el pedestal. Sinceramente, creo que debe de haber otra forma de hacer política.
Agotada ya la legislatura (con todos los presupuestos aprobados y pendientes sólo de pasar los meses que nos quedan con las menores lesiones posibles), entramos ahora en una fase de control de daños y zurcido de las ropas rasgadas, que a algún partido casi le han dejado desnudo.
Que los políticos se recompongan, que se definan los liderazgos, pero que no se elaboren programas electorales. El espectáculo de alcaldes a media jornada, consejeros sin competencias, compañeros de gobierno abiertamente enfrentados... no enriquece la acción política.
Si al final para gobernar hay que pactar, confiemos más en las personas que en los programas. Es un consejo. Al fin y al cabo estamos en tiempo de rebajas. En todos los sentidos.





