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14.mar 2010
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Trazos de Historia

Trazos de Historia

La enigmática figura del Siurell

Por Josep Maria Osma.- De los muchos recuerdos gratos de mi niñez archivados en mi mente, son de aquellas inolvidables 'festes a n´es carrer', como las del arrabal de Santa Catalina. También, de aquellas concurridas romerías de San Bernat, Bonanova, Sant Marçal… con sus típicas 'paradetes' de frutos secos, golosinas, juguetes y, sobre todo, no podía faltar en ninguna de esas manifestaciones devocionales y populares, las que expedían esa figura enigmática: el siurell mallorquín. Desde entonces, igual que mucha gente, entre los que se hallaban famosos personajes como los pintores Joan Miró y Pablo Ruiz Picasso, los escritores Camilo José Cela, Truclok y Peter Graves, he ido coleccionándolos hasta llegar al centenar de piezas.

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Enveja

Enveja

Per Gabriel Ramis

(Director de Part Forana)

Vull el que té l’altre, de forma insana i compulsiva. Això és l’enveja, tan habitual a la nostra societat postmoderna, acomodada, materialista i competitiva. L’actualitat de les nostres Illes és, des de fa mesos, una ristra de casos de corrupció, a la fi, d’enveges.

Més doblers, més poder, més coses per ser més que l’altre, per estar per damunt d’ell, per tenir el que ell tenia abans i que jo vull per a mi, per als meus. Poder polític, poder social, coses de tot tipus, cares i en exclusiva, des de cotxes i cases a dones i amants.

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Nuevos en el mundo

Nuevos en el mundoLa opinión de Alícia Català

No sé cómo lo hago, pero últimamente a mi alrededor todo son nacimientos o mamás a punto de dar a luz, algunas claramente histéricas por las incomodidades de los últimos días de embarazo. Hay un auténtico boom. Llevo dos semanas desfilando para conocer a los recién nacidos de amigas, compañeras, cuñadas… la única que me falta aún, es mi hermana.

Es tanta la revolución de hormonas que siento en el aire, que me está empezando entrar la paranoia. Hasta me duele la barriga y siento que se me contrae el abdomen. Pero estoy aprendiendo una barbaridad. No tenía ni idea, por ejemplo, de que a las embarazadas les ponían correas. Sí, sí. Correas. Que sabía que lo del parto era horrible, pero tanto como para atar a una mamá… “Que no, burra” quiso explicarme alguien “eso es para medir la barriga y saber si estás a punto para dar a luz”. Ah, ya decía yo.
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Llibertat d'expressió versus provocació

Llibertat d'expressió versus provocació

L'opinió de Bernat Joan

Conten que Winston Churchill, davant un diputat de la Cambra dels Comuns que el criticava amb tota duresa, i que exposava idees que estaven diametralment allunyades de les del gran estadista britànic, va replicar: “no estic d’acord amb res del que deis, però donaria la meua vida perquè poguéssiu dir-ho”. Per mi, aquesta és una de les sentències que posen més de manifest l’esperit democràtic. En això consisteix, precisament, la democràcia: fer possible que les persones que pensen de manera totalment diferent de qui mana puguin expressar-se amb tota normalitat, puguin donar a conèixer les pròpies idees i puguin concórrer lliurement a les conteses electorals.

Per això m’han omplert de tristesa els dos episodis que, en setmanes passades successives, han tengut lloc a la Universitat Autònoma de Barcelona: en ambdós casos, hi ha hagut grups d’estudiants que han intentat boicotejar conferències de signe ben divers (una de Juan José Ibarretxe i una altra de Rosa Díez). A Ibarretxe, alguns estudiants, se suposa que indepedentistes radicals, varen titllar-lo de “torturador” i altres galindaines, fins que la resta d’estudiants varen fer callar la minoria. En el cas de Rosa Díez, la cosa va ser més greu, perquè l’acte no es va poder fer a l’espai on era previst i es va haver de reconduir a una aula, amb un nucli reduït de gent. Per enmig, fins i tot el degà, Salvador Cardús, va rebre l’impacte d’una bossa de plàstic plena de pintura vermella. Tot plegat, d’allò més lamentable.

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Mala educación

Mala educaciónLa opinión de Alícia Català

Está por todos lados, como la mala hierba. Me encuentro con ella de cara cuando llego a lugares habituales, pero también cuando salgo de ellos. Esa persona que sé cierto comparte conmigo las mismas horas de gimnasio, es capaz de ni mirarme a la cara cuando nos cruzamos por la calle. Aquel a quien me encuentro de manera habitual en círculos comunes, parece sentir una enorme pereza de levantar una ceja a modo de reconocimiento. Pasa en los pasillos, en los bares, en las oficinas y en las mismísimas ruedas de prensa, en las que los que intentan vender proyectos, planes y mejoras para la ciudadanía, no parecen estar programados para articular un “buenos días”. Y lo cierto es que es bastante frustrante quedarse con esas palabras bailando en la comisura de los labios.

La mala educación campa a sus anchas y nadie se libra de ella. No es la timidez mallorquina, que obliga a un murmurado “uep” cuando no hay más remedio. Ni siquiera es la falta de interés por saludar a alguien a quien, por algún motivo extraño, se considera inferior. Es haber olvidado los principios básicos de la convivencia y la ciudadanía, ya sea por la ausencia de saludo o por las malas maneras de concederlo.
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