La opinión de Xenia Merino
Hace tiempo que tenía ganas de hacerlo. Se le notaba. Antich se moría de ganas de gobernar en minoría. Pero no fue capaz de dar el paso, de tomar la decisión.
El jueves pasado algo cambió. Los medios de comunicación lo anunciaban como una crisis más. Pero no ha sido así. Ha sido la crisis. La gota que ha colmado el vaso.
Todos pendientes de que UM moviera ficha. De que el nuevo presidente obligase a Miquel Nadal a cumplir con el código ético. Ese que obliga a que los cargos políticos imputados abandonen sus cargos cuando pesen sobre ellos medidas cautelares.
Ahora nadie entiende por qué Nadal se resistía a abandonar su puesto. Han pasado tres días y le han vuelto a detener y han vuelto a caer sobre él nuevas medidas cautelares.
Pero, a lo que íbamos, Unió Mallorquina no hizo nada. Nada de nada. Disimular y mirar hacia otro lado. Y, eso sí, correr cuando le vieron las orejas al lobo. No dieron el paso cuando pudieron, y eso que no les han faltado ocasiones.
Así, ni unos ni otros. Fue la Fiscalía Anticorrupción la que movió ficha y logró cambiar la configuración del Pacte de Govern.






